Emmanuel Macron también fue objetivo del espionaje de Pegasus

 Emmanuel Macron también fue objetivo del espionaje de Pegasus

Marruecos infiltró uno de los móviles personales del presidente de la República, Emmanuel Macron, a través del programa Pegasus de la empresa israelí NSO. Fuentes del Elíseo han reaccionado de inmediato: «Si se confirma es, evidentemente, muy grave». «Toda la luz será hecha sobre estas revelaciones de prensa» añaden las mismas fuentes en alusión a la información revelada por Le Monde, Radio France y un consorcio formado por 16 medios.

El teléfono objetivo de la infiltración es uno de los móviles personales del jefe del Estado francés. Lo emplea para comunicaciones privadas pero, a veces, también para llamadas profesionales. Aunque es su móvil personal, periódicamente es revisado por los servicios de espionaje francés y todos sus mensajes están encriptados. Según el vespertino parisino, Macron utilizaba ese teléfono desde 2017 hasta tiempos recientes y de hecho es uno de los dos iPhone que aparecen en su foto oficial.

Servicio de seguridad del estado

Números de teléfono que pertenecían al entonces primer ministro, Edouard Philippe, a su esposa y hasta 14 ministros de su gabinete aparecen también en la lista de un servicio de seguridad del Estado marroquí para ser potencialmente pirateados tras ser infiltrados con el sistema Pegasus.

El programa, fabricado por la sociedad israelí NSO, permite aspirar todo el contenido de un teléfono móvil, desde mensajes, correos electrónicos, fotos, a direcciones e incluso escuchar sus conversaciones sin que su dueño se percate. La firma israelí sostiene, sin embargo, que «Emmanuel Macron no ha sido ni es una diana de los clientes de NSO».

Emmanuel Macron también fue objetivo del espionaje de Pegasus |  Internacional

El reino marroquí es cliente de la empresa israelí desde hace varios años y utiliza de forma intensiva el sistema de espionaje que solo se vende a estados y en teoría debe de emplearse para luchar contra la delincuencia. Según Le Monde, el país de Mohamed VI tenía entre sus listados más de 10.000 números de los que el 10% corresponden a usuarios franceses.

No solo pertenecen a miembros del ejecutivo. También están entre los objetivos a espiar los móviles de líderes y diputados de la extrema derecha, el centro, del partido del gobierno, los socialistas o la extrema izquierda. Además de políticos, entre los objetivos del espionaje marroquí figurarían el rector de la mezquita de París e incluso el antiguo jefe de la dirección central de la seguridad interior. El gobierno marroquí calificó el lunes la relaciones de consorcio periodístico de «mentirosas».

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DESMENTIDO DE RABAT

El desmentido del gobierno alauí, sin embargo, tropieza con la realidad. Así por ejemplo el entonces ministro de Transición Ecológica, François de Rugy, ha prestado su móvil para una comprobación. El 16 de julio de 2019, a las 8:40, recibió un mensaje asociado a la cuenta de correo Gmail «berger.o79». Detrás de ella, están los servicios de espionaje marroquíes que la víspera habían intentado, sin éxito, infectar por dos veces el móvil del ministro. Analizado por el Security Lab de Amnistía Internacional, queda comprobada la infiltración. El ex ministro Rugy, que dimitió aquel mismo día acuciado por las revelaciones de cenas opíparas en su ministerio, ha pedido audiencia al embajador de Marruecos en Francia y ha pedido a la Fiscalía de la República que investigue el caso.

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Será difícil que Rabat eluda la acción de la Justicia francesa. Mediapart, una web informativa, ha presentado demanda después de que dos de sus periodistas figuraran entre los 180 espiados. También van a presentar demandas Le Canard Enchainé y una de sus ex colaboradoras, que hoy ostenta el cargo de inspectora general de prisiones.

El mismo sistema ha sido empleados por gobiernos de todo el mundo como México, la India, Arabia saudí e incluso un estado de la UE como Hungría para husmear las conversaciones y otros intercambios de periodistas, disidentes y desafectos. La ola de indignación es mundial.

Fuente: EL MUNDO

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