La sindemia que dejó al menos 500.000 muertos en Brasil

 La sindemia que dejó al menos 500.000 muertos en Brasil

Unos 40 años antes de que llegara la gripe española, una catástrofe mató a 50 millones de personas en todo el mundo. La principal causa fue el hambre.

Una sucesión de fenómenos meteorológicos combinados generó una sequía sin precedentes en prácticamente toda la región ecuatorial del planeta.

En Brasil, la falta de lluvia fue el primer capítulo de un episodio que incluyó una epidemia de viruela y mató al menos a 500.000 personas entre 1877 y 1879.

Eso era el equivalente al 5% de la población del país ese momento.

La entonces provincia de Ceará, al noreste del país, fue de lejos la más afectada. Solo en 1878, el peor año de la sequía, murieron 119.000 personas y otras 55.000 se vieron obligadas a emigrar.Gráfico de la estimación de muertos por la Gran Sequía en relación a la poblaciõn de la época en Brasil, en el noreste y en Ceará

Desde entonces, la única tragedia de escala similar que ha ocurrido en Brasil es la actual pandemia de covid-19, que ya se ha cobrado casi medio millón de vidas en casi un año y medio.

La «Gran Sequía», como se la conoció, ocurrió en un momento y en una proporción diferente: la población brasileña hoy es aproximadamente 21 veces mayor que la de 1877, por ejemplo.

Sin embargo, su impacto fue el resultado de una combinación de fenómenos naturales, crisis económica, falta de asistencia a la población y disputas políticas, dinámicas que aún se pueden ver en el país hoy.

¿Qué provocó la «Gran Sequía»?

Junto con el noreste de Brasil, las regiones más afectadas por este fenómeno fueron India, Australia, el sur de África, el noreste de China y la región del Mediterráneo.

A pesar de la magnitud de la catástrofe, no fue hasta 2018 que se publicó el primer trabajo que analiza esta sequía como un fenómeno global desde un punto de vista climatológico.

En él, la investigadora Deepti Singh y sus colegas señalan como causa la combinación de al menos cuatro eventos récord y casi simultáneos: uno de los peores eventos de El Niño registrados; las temperaturas bajas en el Pacífico tropical; el calentamiento de las aguas en el Atlántico Norte y una fluctuación de las temperaturas en el océano Índico que afectó la temporada de monzones.Mapa que muestra las regiones del mundo afectadas por el fenómeno climático que generó la sequía en 1877

"Por la época, el fenómeno no era atribuible al cambio climático. Así que esa ecuación de eventos fue azarosa, o para ser más precisos, se debió a las oscilaciones periódicas y naturales del clima", cuenta la investigadora a BBC News Brasil.

Pero la combinación fue tan potente que, para ponerlo en perspectiva, si algo así sucediera hoy «sus efectos podrían ser aún mayores, ya que el cambio climático agrava los desastres naturales», añade.

Por otro lado, para algunos investigadores, como Mike Davis de la Universidad de California, la acción humana ayuda a explicar el elevado número de muertes que tuvo este fenómeno global.

En su libro «El Último Holocausto Victoriano», afirma que la destrucción de la economía de subsistencia provocada por el colonialismo europeo en países como Egipto e India fue una de las responsables de la hambruna resultante de la sequía.

En la misma línea, algunos historiadores creen que la crisis económica y las decisiones de las autoridades públicas agravaron el problema en Brasil, que se convertiría en una tragedia sin precedentes en la historia reciente del país.

La «invasión» de los hambrientos

En 1877 prácticamente no llovió entre enero y marzo en gran parte del noreste de Brasil. Al no haber ni ganado ni cosecha, comenzó un gran éxodo desde el interior de Ceará, la provincia más afectada, hacia la capital, Fortaleza.

Al contrario de lo que predicaban algunos intelectuales en Río de Janeiro, la capital del imperio, tampoco llovió en los meses siguientes y las filas de migrantes aumentaron como si fueran un ejército hambriento.Fotos de los desplazados de Ceará en Fortaleza durante la Gran Sequía

Estos retratos de migrantes se tomaron en un estudio. Era la primera vez que un evento así se registraba en fotografías. Foto: Biblioteca Nacional

«La gente moría de hambre en las calles de la ciudad y en las carreteras», escribió el médico cearense Barão de Studart.

Los migrantes desesperados comían lo que encontraban en el camino, incluso raíces y vegetales venenosos que les provocaban la muerte.

«Después de alimentarse de raíces silvestres, algunas especies de cactus y bromelias, palmito de carnauba y otras palmeras, almendras y corteza de coco, los hambrientos pasaron a comer carnes repugnantes como de perro o de buitre, cuervos y reptiles.»

En diciembre de 1877, habían llegado a Fortaleza unos 80.000, un número cuatro veces mayor que la población de la capital, 19.000.

Una multitud que vivía en la calle, en las plazas, bajo la sombra de los anacardos, como se describe en los libros de la época.

Ceará a pesar de ser la provincia más afectada no fue la única.

Documentos y periódicos de la época relatan como la sequía también afectó a las provincias vecinas, como Alagoas y Pernambuco.

Sus gobiernos provinciales creían que ninguno de los dos era responsable de los 9.000 migrantes concentrados en la frontera.

El historiador Roger Cunniff, que estuvo en Brasil en la década de 1960 para investigar el tema, informó sobre este y otros episodios en «La gran sequía: noreste de Brasil, 1877-1880».

En un pasaje, narra la desesperación de los migrantes que cruzaban el río São Francisco de Pernambuco a Bahía, menos afectado por la sequía que los demás, e invadían las fincas para mendigar y robar.

«Fue una crisis de refugiados», dijo a BBC News Brasil Dain Borges, profesor del Departamento de Historia de la Universidad de Chicago e investigador de los siglos XIX y XX en América Latina.Fotos de los desplazados de Ceará en Fortaleza durante la Gran Sequía

Convertían las imágenes de personas famélicas en postales para sensibilizar a la población del sur del país. | Foto: Biblioteca Nacional

Las impactantes imágenes de hombres, mujeres y niños escuálidos se volvieron emblemáticas en el país.

Era la primera vez que se registraba una sequía en fotografías en Brasil, según Gleudson Passos, profesor del Departamento de Historia de la Universidad Estatal de Ceará (UECE).

La idea de exponer y explotar la miseria de los migrantes era sensibilizar a la opinión pública y alertar sobre la gravedad de los hechos que estaban ocurriendo en las provincias del norte, ya que que algunos brasileños del sur los consideraban una exageración.

Los periódicos llevaban historias de mujeres que se prostituían por un plato de comida, de padres que vendían e incluso se comían a sus propios hijos.

«Hay una bestialización en estas descripciones, incluso en aquellas que querían crear empatía y misericordia hacia los afectados», dice la profesora del departamento de Historia de la Universidad Federal Fluminense (UFF) Verónica Secreto, refiriéndose al retrato que hacia la prensa.Montaje de anuncios del periódico Gazeta de Notícias sobre bailes caritativos para los afectados por la sequía

En Río, la capital imperial, la alta sociedad organizaba bailes benéficos para los afectados por la sequía. | Fotos: Biblioteca Nacional

La «campaña para sensibilizar finalmente a la corte» funcionó.

En la capital del Imperio y en las provincias del sur, los comités comenzaron a organizar bailes y banquetes benéficos a favor de las «víctimas de la sequía», un dinero que ayudaría a complementar la asistencia del gobierno.

La tragedia también resonó en la prensa internacional. La revista Scribner’s Magazine de Nueva York incluso envió a un corresponsal para cubrir la sequía de Ceará.

La epidemia de viruela y el ‘Día de los mil muertos’

A la tragedia provocada por la hambruna se le sumó la propagación de la viruela, que diezmó parte de la población de Ceará en 1878.

El virus siguió el camino de los migrantes que se desplazaban por el interior de las provincias del noreste.

Cuando la viruela llegó a Fortaleza, la capital, más de 100.000 desplazados ya estaban aglomerados en campamentos donde vivían en pésimas condiciones higiénicas.

Foto de los niños afectados por la sequía en Fortaleza

Debilitados por el hambre y aglomerados en campamentos, los desplazados fueron las principales víctimas de la viruela. | Foto: Biblioteca Nacional

Eran los denominados «corrales gubernamentales» o cuarteles, la solución que la administración local había aplicado para atender a los refugiados.

«(Los campamentos) Tenían cabañas hechas con palos de madera y alguna cubierta», describe el profesor Gleudson Passos. «Eran espacios cercados y las poblaciones que venían del interior las obligaban a amontonarse allí para que no entraran en la ciudad.»

Sin un saneamiento adecuado, estas aglomeraciones fueron decisivas para que la viruela explotara en la ciudad.

«Las autoridades no tomaron medidas efectivas para erradicar brotes de viruela que habían aparecido en la zona antes de la sequía. Así que el desplazamiento y la concentración de personas afectadas por la sequía creó las condiciones idóneas para que surgiera una epidemia», escribió Cunniff en «La gran sequía».

A pesar del desastre humanitario, los corrales seguirían utilizándose en sequías posteriores, bajo el nombre de «campos de concentración».

En las afueras de la capital cearense, diez de estos corrales reunían alrededor de 110.000 personas, según los registros del farmacéutico Rodolpho Teóphilo.

En su libro «Viruela y vacunación en Ceará», describió la situación en el apogeo de la epidemia en 1878, cuando los hospitales estaban al máximo de ocupación y las calles estaban llenas de cadáveres.

En diciembre de aquel año, Fortaleza vivió lo que más tarde se conoció como el «día de los mil muertos».

Rodolpho Teóphilo | Foto: Fundación Waldemar Alcântara

‘Lúgubre desolación’

Rodolpho Teóphilo

Empezó setiembre de 1878 y la sequía estaba llegando a su período más agudo. El éxodo del campo a la costa fue enorme e incesante.

La viruela se propagó como un fuego encendido en paja seca y alimentado por un fuelle.

A finales de octubre, ya no había esperanzas de restablecer un servicio hospitalario más o menos regular dado el número de enfermos.

El pánico comenzaba a quebrantar el ánimo de la población más acomodada, contribuyendo a ello el triste y repugnante espectáculo del transporte de cuerpos por las principales calles de Fortaleza.

Imagínese un cadáver medio podrido vestido sólo con trapos ligeros, atado de pies y manos a un palo y llevado por dos hombres medio borrachos. Así es como trasladaban hasta la tumba a los migrantes que morían de viruela en Fortaleza.

En diciembre, la plaga alcanzó su punto álgido.

Fortaleza sufría una desolación lúgubre. La tristeza y el dolor inundaban los hogares y las calles, con los comercios cerrados, parecían una tierra abandonada.

Los caminantes que se veían iban de negro o eran mendigos que habían salido de los lazaretos con señales recientes de pústulas de viruela que les dejaron marcas en la cara o les deformaron la nariz.

¡El día 10 del mes, el cementerio de Lagoa Funda recibió 1.004 cadáveres! Esto llenó de pánico a quienes lo escucharon.

¿Por qué golpeó tanto a Brasil?

Además de los efectos de la tragedia climática, diferentes investigadores señalan que errores y omisiones de las autoridades públicas de la época exacerbaron la situación.

La pobreza en la que ya estaba inmersa la región Noreste fue un ingrediente esencial de la catástrofe, dice Cunniff.

«Los planificadores urbanos y regionales modernos dicen que sequías prolongadas como esta tendrían efectos mínimos en sociedades que tienen un transporte adecuado, una industria no agrícola y recursos razonablemente distribuidos. Esta lógica es incuestionable. Si esto hubiera existido en el noreste de Brasil en 1877, no habría sido necesaria ninguna acción de emergencia: no habría habido crisis», escribió el investigador en el artículo «El nacimiento de la industria de la sequía»

La pobreza a la que se refiere tiene como telón de fondo la decadencia de la economía algodonera. Años antes, con precios récord en el mercado internacional por la interrupción de la producción en Estados Unidos, el cultivo había atraído a Ceará a miles de migrantes de otras provincias del noreste.

Sin embargo, con el final de la Guerra Civil estadounidense y la reanudación de la producción en el país, los precios se desplomaron en la Bolsa del Algodón de Manchester, en Reino Unido, y la producción comenzó a disminuir.Grabado de Bolsa de Valores del Algodón en Manchester, Reino Unido, en 1835

La caída en los precios del algodón llevó el noreste de Brasil a una crisis económica. | Foto: Getty

Mitigar los efectos de la recesión en el noreste no estaba entre las prioridades del gobierno central, que concentró sus inversiones en las provincias más cercanas a la capital del Imperio.

Incluso después de que estalló la Gran Sequía, la región permaneció en un segundo plano.

No hubo prisa por organizar la asistencia financiera o material. Río de Janeiro se demoró en reconocer que había un problema y la disputa política entre el Partido Conservador, que estaba en el poder, y el Partido Liberal contribuyó en ese sentido.

El escritor José de Alencar, entonces diputado conservador, incluso minimizó los efectos de la sequía en un discurso en la Cámara de Representantes a principios de 1877 y acusó a la oposición de estar haciendo uso político de la climatología.

Entre sus antagonistas se encontraba el senador liberal Tomás Pompeu de Sousa Brasil, quien llevó una delegación desde Ceará a Rio para pedir ayuda a la administración imperial.

Pompeu, que era científico y recopilaba estadísticas climatológicas de Ceará, también se opuso a la idea popular entre algunos intelectuales de la época de que los responsables de la sequía eran los propios migrantes.

La sequía solo pasó a ser vista como un problema de Estado, que debería ser objeto de políticas públicas de mitigación, después del desastre entre 1877 y 1879, dice el profesor emérito del Departamento de Ingeniería Hidráulica y Ambiental de la Universidad Federal de Ceará (UFC) José Nilson Campos.José de Alencar y Tomás Pompeu de Sousa Brasil

El antagonismo entre el conservador Alencar y el liberal Pompeu ejemplificaba el debate sobre la gestión de la sequía en la capital del imperio. | Fotos: Biblioteca Nacional y Archivo Pares Pompeu

Este período expuso graves fallas en la respuesta del gobierno brasileño a emergencias de este tipo.

En su libro, Roger Cunniff cita tres errores.

Por un lado, un sistema de comunicación deficiente, incluso para la época, que dificultaba el acceso de las autoridades a información precisa sobre lo que estaba sucediendo.

Por otro, la incapacidad del gobierno imperial para coordinar acciones de los presidentes provinciales y una estructura del Estado excesivamente centralizada.

Esta impedía que las administraciones locales tuvieran acceso a dinero para ayudar a los necesitados «hasta que el gobierno imperial decidiera que la situación era lo suficientemente grave como para justificar la ayuda de emergencia».

Y finalmente, cuando se convenció al gobierno central para que aprobara el envío de dinero, a menudo los gobiernos locales desviaban esos fondos o los usaban de manera ineficiente.

El historiador Gleudson Passos señala que en los periódicos de la época eran frecuentes las acusaciones de corrupción, algo difícil de probar en ese momento, dada la falta de órganos de control en Brasil.

Según los investigadores, la ración de harina, arroz y carne seca que se empezó a comprar y distribuir a los migrantes como parte de la ayuda era de baja calidad, lo que contribuyó a que se mantuvieran débiles.Mapa de la región afectada por la sequía en 1877-79 en el noreste brasileño

Con la crisis del sistema esclavista en Brasil, los refugiados de la sequía eran vistos como candidatos para reemplazar la fuerza laboral de los esclavizados.

«Las élites de la región amazónica, por ejemplo, querían que trabajaran en los cauchales; en São Paulo, en los cafetales. Pero las oligarquías del noreste tampoco querían perder lo que veían como votantes potenciales además de trabajadores», dice Secreto.

Los intelectuales liberales de la época, como el abolicionista André Rebouças, argumentaron que la mejor manera de «salvar» a los migrantes del hambre era pagarles por su trabajo.

«En esta coyuntura de la crisis de la esclavitud, Rebouças plantea como una solución nacional el uso de esos migrantes como fuerza laboral. En lugar de traer inmigrantes italianos — que era algo que proponía São Paulo — dijo: ‘la solución está aquí, solo tenemos que manejar bien la sequía’.»

«Incluso comparó a la gente del noreste con lo que valía un esclavo en ese momento. Era una forma de venderle a las élites la idea de que sería beneficioso ayudar a esa gente «, añade la investigadora.

De esa manera, los refugiados del hambre en el interior, agrupados en los «corrales gubernamentales» y mal alimentados con raciones de mala calidad, tuvieron que trabajar en obras públicas o servicios de la administración local para ganar dinero para sus necesidades básicas.

«La gente literalmente moría por hacer demasiado esfuerzo en las obras», dice Secreto.

Unas condiciones que crearon un terreno fértil para la epidemia de viruela en Ceará en 1878.

A esto se le sumó que alrededor del 95% de la población de la provincia no había sido vacunada.Gráfico de las muertes por año en Fortaleza entre los años 1867 y 1878

Aunque la inmunización contra la viruela ya era ampliamente conocida en ese momento, el gobierno central y las administraciones locales no habían logrado organizar una campaña masiva de vacunación.

Barão de Studart y RodolphoTeóphilo añaden otros dos obstáculos: por un lado, la resistencia de la población y, por otro, la materia prima para la fabricación de vacunas que Río de Janeiro había enviado al noreste era de baja calidad.

Tanto es así, que el inmunizante provocó pústulas y heridas a algunas personas, aumentando aún más la desconfianza.

A mediados de 1878, «la epidemia había tomado tales proporciones que la acción de las autoridades públicas se limitó a atender a los enfermos que estaban confinados en las salas y enterrar a los muertos», informó Teóphilo.

«La gente resignada esperaba que el tiempo resolviera esta crisis tan angustiante. La viruela solo se extinguiría cuando atacara al último individuo no inmune», escribió.

La situación comenzó a mejorar en 1879, después de que el número de infecciones y de muertes cayera de forma natural.

«El mes de enero registró la enorme cantidad de 2.134 muertes por viruela en Fortaleza, pero en febrero bajó a 176 y en marzo a 107. El minotauro había quedado satisfecho», escribió Studart.

Dos sindemias,143 años de diferencia

En agosto de 2020, Richard Horton, editor en jefe de la revista científica The Lancet, afirmó que la pandemia del covid-19 debería considerarse en realidad una sindemia.

Es decir, una situación en la que la nueva enfermedad, al interactuar con las existentes en un contexto ambiental y de profunda desigualdad social, tiene un impacto exacerbado.

Esta sindemia ha dejado de momento más de 3,7 millones de muertes en el mundo, siendo Estados Unidos, Brasil e India los países más afectados.

El mundo del siglo XIX era muy diferente al de hoy, desde los sistemas de gobierno imperantes hasta la dificultad para obtener información sobre enfermedades o fenómenos meteorológicos como una sequía excepcional.

Aun así, el concepto de sindemia se aplica a la Gran Sequía de 1877-79, en la evaluación del historiador Gleudson Passos.

En aquel caso, explica, un «conjunto de fuerzas sinérgicas formaron una red» que vinculaba diferentes crisis — social, económica, ambiental y productiva — de modo que el resultado de esa combinación fue mucho peor de lo que hubieran sido cada una de forma aislada.

Como no existía un registro oficial centralizado de defunciones en el país, se desconoce el número definitivo de muertes provocadas por la sequía, que incluye, según todos los expertos consultados, los fallecidos por viruela en el período.

Por lo tanto, la estimación de 500.000 víctimas podría ser conservadora.

Cálculos del proyecto Our World in Data, de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, indican que Brasil perdió hasta 750.000 durante esos tres años producto de la sequía, la epidemia y la crisis en el noreste.

Aún con todas las diferencias entre los momentos históricos, la mayor tragedia humana documentada hasta el momento en el país se explica por una combinación de factores que resuena hoy.

La pandemia de covid-19, que comenzó en enero de 2020, está a punto de registrar medio millón de muertes en Brasil, lo que podría ser al menos un 35% más, según algunos investigadores.

Poco más del 11% de la población está completamente inmunizada contra el virus, cinco meses después del inicio de la vacunación.

Gráfico de muertes acumuladas por covid-19 en Brasil desde el inicio de la pandemia

En los últimos meses, los expertos han repetido que la factura de la pandemia hubiese podido ser menor en Brasil si el virus no hubiera encontrado un terreno fértil para proliferar.

El país ya estaba debilitado por una crisis económica cuando se encontró con este evento global de proporciones devastadoras.

Además, su valoración es que el gobierno federal tardó en tomarse la crisis en serio y se perdió en conflictos políticos en lugar de dar una respuesta robusta y consistente: faltaron pruebas masivas, barreras sanitarias, coordinación entre el Ministerio de Salud y las secretarías de los estados.

Finalmente, dicen que el gobierno creó ayudas de emergencia que no acompañaron la longevidad de la crisis y muchos creen que se equivocó en la compra y distribución de vacunas.

El historiador Dain Borges señala que, a diferencia de Brasil en el siglo XIX, hoy está claro que el Estado tenía los recursos para enfrentar mejor una crisis sanitaria y social de este tipo.

«Creo que el gobierno brasileño hace un año tenía la capacidad de haber aliviado la crisis y no lo hizo. Teniendo esto en cuenta, es mucho más difícil juzgar a los gobiernos brasileños de 1878 y 79», concluye.

Fuente: BBC Mundo

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