Analista denuncia parálisis de plantas de urea y gas y alerta sobre importación de gas
El analista y exministro de Hidrocarburos, Álvaro Ríos, señaló que las plantas de Amoniaco Urea (PAU) en Cochabamba y la de Gas Licuado de Petróleo (GLP) en Yacuiba están actualmente paralizadas debido a la falta de mantenimiento. Asegura que estas plantas no sólo no cubren sus costos operativos, sino que también están generando un futuro incierto para el sector energético del país.
Ríos criticó la inversión del Estado en empresas públicas como Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), al asegurar que no están rindiendo y no generan bienestar para la población. Además, advirtió que la gestión inadecuada de estas plantas tendrá consecuencias graves, entre ellas la importación de gas natural, algo que no sucedía en años anteriores.
El caso de la planta de urea ubicada en Bulo Bulo, Cochabamba, es un ejemplo claro de la ineficiencia, según Ríos. A pesar de llevar ocho años en funcionamiento, esta planta ha estado parada en más de 30 ocasiones y ha operado a solo un 30% de su capacidad. Ríos señaló que la planta fue construida en un lugar inadecuado, lejos de la fuente de gas y de los mercados para exportación, lo que limita gravemente su capacidad operativa.
La planta de gas en Yacuiba también ha presentado problemas, ya que fue diseñada para operar a una capacidad de 34 millones de metros cúbicos diarios, pero siempre ha trabajado al 30-40% de su capacidad. Ríos sostiene que esta planta nunca debió construirse, debido a la falta de materia prima disponible, y asegura que en los próximos dos años se detendrá por completo.
El analista también destacó que Bolivia, actualmente dependiente de las importaciones de diésel y gasolina, comenzará a importar gas licuado de petróleo (GLP) en 2025. Según Ríos, la actual situación del sector energético es un reflejo de la mala administración del gobierno, que está llevando al país hacia un futuro de dependencia energética externa.
El exministro finalizó su denuncia asegurando que las plantas estatales no cumplen con su propósito y que el dinero de los bolivianos se está desperdiciando en proyectos que no generan resultados positivos.
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